Ella fascinaba a quien la escuchara, incluso hablando sobre temas tan impopulares como el clima; él, aun discurriendo sobre viajes en el tiempo o los archivos secretos del Vaticano, aburría hasta al más curioso. Ella era la única que lo escuchaba con interés; él es el único que bostezaba con ella. Cuando intentaron hacer el amor se produjo una terrible implosión que se los tragó al instante y liberó una energía descomunal. Nadie en la ciudad se salvó: unos murieron de risa; otros, de aburrimiento.