La Gaceta CCH (2020)
Reseña escrita por Hiram Barrios para la Gaceta de CCH


Transcripción
Siempre han sido cuestionadas las expresiones que conforman las “Bellas Artes”. El concepto en cuestión, y la debatida relación que mantiene con la belleza, no han pasado inadvertidos a la crítica cultural ni a la filosofía. Ampliar la idea de “Bellas Artes” ha sido tarea de no pocos literatos y estetas. Thomas de Quincey, por ejemplo, en Murder Considered as One of the Fine Arts (1827), sugería que el asesinato podría formar parte de las distinguidas disciplinas artísticas consideradas “bellas” o “finas”.
El siglo XX postuló como artístico lo mismo la basura, el estiércol, la podredumbre, que utensilios como peines, retretes, cajas de zapatos y demás objetos sui géneris que ingresaron al museo.
El escritor mexicano Manuel Fons, siguiendo esa lógica, propone situar el insulto en los terrenos de las “Bellas Artes”, y utiliza el aforismo para exponer sus alcances. Cualquiera puede roterir un insulto, pero no todos pueden hacerlo con gracia e ingenio. Fons intenta demostrar que la ofensa no sólo puede ser artística, sino que también puede ser bella:
Cada año nuevo los gimnasios se saturan de gente abrumada por su sobrepeso, pero las bibliotecas no se llenan de hordas ruborizadas por su ignorancia. La presión social tiene directrices muy claras: si tenemos el vientre plano, no importa que tengamos la cabeza vacía.
Hay mucha gente que se compara con los genios para justificar sus defectos. Dicen, por ejemplo: «Newton era muy despistado», «Séneca vivía en la opulencia», «Bukowski bebía mucho alcohol», «Leonardo era pedófilo», «Rousseau abandonó a sus hijos en un orfanatorio»… omiten que esos genios destacaban por sus virtudes y no por sus vicios, y que sus vicios no eran la causa de sus virtudes. Los genios suelen ser despistados, egoístas, soberbios, ingratos; pero los despistados, egoístas, soberbios, ingratos, rarísima vez son genios. Si por cada vicio que tenemos en común con los genios, el Cielo nos proveyera con una de sus virtudes, viviríamos en un mundo más artístico que la Florencia de Buonarroti y que la Atenas de Pericles, el planeta sería un museo en movimiento.
He conocido a varias personas que están convencidas de que pueden escribir literatura porque les han pasado cosas interesantes, sólo que, según entiendo, no han tenido tiempo para sentarse a mecanografiarlas. Con esa lógica tan chabacana yo podría ser Jesucristo, pues me gustan las parábolas y he practicado algún grado de indigencia, aunque me ha faltado tiempo para encontrar a mis apóstoles, y para curar enfermos, y para transformar el agua en vino.
Hiram Barrios



