Entrevista para El Informador (2013)
Entrevista inédita realizada por Ruben Gil, en 2013, para el periódico El Informador

¿En épocas donde el internet puede ser el mejor aliado para dar a conocer tu obra nacional e internacionalmente, ¿qué tan importante para ti es lanzar un libro físico?
El internet me parece lo mejor que hay para textos breves. Es económico, inmediato, no dependes de nadie y está disponible para todo el mundo. Sin embargo, para una propuesta más extensa, como una serie de relatos o una novela, no se puede equiparar con el libro impreso. Veo muy difícil que alguien lea todo un libro en la pantalla.
¿Aún es de interés para los escritores buscar ser publicados?
Sí, porque es una manera de presentar una serie, con unidad formal, temática, con posibilidades de ser leída en su totalidad y que conserve su unidad de efecto. Me podrían refutar que en la versión digital también se puede hacer eso, pero lo malo es que los lectores digitales no son de largo aliento. El lector de libros busca un espacio cómodo, se acerca una taza de café, se da su tiempo para leer; el lector digital intercala un artículo periodístico con el chat del Facebook, y puede ir leyendo en la calle o en el camión. Así no se puede leer literatura.
¿Es redituable publicarse en editoriales independientes?
En términos económicos, no. En lo relativo a la difusión, poco. La ventaja es que hay mucho más libertad para escribir que en los circuitos comerciales, hay más margen para arriesgarse en términos creativos.
¿Tienes una visión sobre cómo dar a conocer tu obra literaria?
Algo así como un plan mercadológico, no. Sólo pienso en escribir y publicar en cualquier resquicio que encuentre, en espacios electrónicos o impresos, y en que tarde o temprano ganaré algunos lectores.
¿Qué piensas de las grandes editoriales que en su mayoría no ofrecen oportunidades para nuevos talentos?
Son un reflejo de la sociedad de consumo en que vivimos. Nada se ha escapado a esa escala de valores donde el dinero ocupa el pináculo: ni la salud, ni la educación, ni el trabajo. El arte no es la excepción. En términos generales, las grandes editoriales sólo piensan en lo económico; juzgan en función de las ganancias. Es muy difícil que inviertan en un escritor nuevo porque todavía no tiene muchos lectores y, por tanto, son un riesgo económico. Por supuesto, no estoy de acuerdo con esa visión. En mi mundo ideal, habría un consejo de sabios que publicaría los libros en función de su mérito estético, aunque fueran de un autor inédito, eso sería lo mejor que le podría pasar a la literatura.
¿Qué papel juegan para ti los blogs y las redes sociales?, ¿consideras más eficaz este medio?
Es una gran opción para publicar y para poner a tus allegados en contacto con lo que escribes, de una manera expedita y sencilla. También es una manera de combatir los monopolios de las transnacionales. Pero, como todo, tiene sus desventajas; una que se me ocurre, como lector, es que no tiene ningún filtro estético. Eso lo vuelve un medio muy democrático, pero muy caótico. Ahí va a suceder como en “La Biblioteca de Babel”, de Borges, que será casi imposible hallar un escrito valioso entre tantos volúmenes de erratas y balbuceos. Yo creo que hay que aprovechar las ventajas de cada medio.
¿Es la literatura una forma de ganarse la vida? ¿Lo habías contemplado como tal o sólo lo tomas como una actividad aparte de lo profesional?
Aun entre algunos escritores que me parecen admirables, hay muy pocos que vivan exclusivamente de su trabajo literario, por lo tanto, sé que las probabilidades son ínfimas, y casi todo el que escribe intuye que, en el mejor de los casos, vivirá de una actividad cercana a la literatura, como la docencia o el periodismo. Sin embargo, me parece una aspiración legítima de cualquier profesional, del arte o cualquier otra disciplina, que intente vivir de su trabajo.
¿Crees que la escritura no es bien pagada? En ese caso, ¿se demerita a comparación de otras profesiones?
Sin duda, se paga muy mal, porque se sigue los frívolos esquemas del mercado. Como la mayoría de los escritores no tienen ventas masivas, no se les toma en serio. Se confunde muy a menudo el valor con el precio. Algunos escritores tardan dos o tres años en escribir un libro y no ganan lo que ganaría un obrero en el mismo lapso. La gente, en México, paga mil o dos mil pesos por ver a un cantante pop o a un equipo de futbol, pero no pagaría nunca por escuchar a un escritor, ni siquiera un nobel. Son ejemplos de que, usando una expresión de Nietzsche, urge transmutar la escala de valores. El artista, como cualquier otra persona, necesita ser remunerado por su trabajo. Si Leonardo, Miguel Ángel, Picasso no hubieran vivido de sus obras, no habría Mona Lisa, David, ni Guernica.



