Reseña de El insulto como una de las bellas artes en Librería Hypatia

Reseña escrita por Hiram "La rata" Elizondo para la librería Hypatia

El insulto como una de las bellas artes, de Manuel Fons, es una lectura estimulante y divertida. Publicado por Paraíso Perdido en su colección Divague, este libro abreva de la tradición aforística de grandes pesimistas como Schopenhauer y Cioran, añadiendo un poco de cinismo “a la mexicana” resultando en ideas que se deslizan por la mente cual patines por el hielo. En él, Fons se vale de su humor corrosivo, altamente observacional y anecdótico, con que disecciona cuidadosamente el mundo: el mito de la caverna hoy, la disyuntiva entre Jesús y Barrabás aquí, el derecho a la estupidez tuya y mía; el autor suministra ácidos piquetes de tinta en cada párrafo.
Un libro totalmente personal e íntimo, ya que está concebido como un diálogo plagado de sinceridad con el lector, Fons “sin pelos en la lengua”, Fons amigo, Fons filosofa a latigazos, Fons sabe que ningún genio escapa a esta comedia, Fons: parece decirnos “Uno es lo que lee” pues las ideas jamás se tejen solas y cada una es combustible de otra.
Más allá de lo que dicta la ley de la moral y del “buen gusto”, el buen humor de Fons ejerce un análisis mordaz logrado en su organicidad. Su lectura me dio la impresión de una conversación en plena borrachera en la que una lucidez doliente se apodera de nosotros y enarbola su discurso entre el rumor de los que escuchan y sus carcajadas espontáneas.
Al leer el título “El insulto como una de las bellas artes”, imaginé una especie de ensayo que intentaría estetizar la ofensa, en cambio, lo que hace Fons se acerca más al plano práctico de la teoría, desciende a las bellas artes por el impúdico impulso que le propina la bofetada de lo real. Su libro es un compendio de insultos en forma de aforismos.
El libro se organiza en nueve apartados, cada uno es nudo del hilo que guía la obra; en ellos, Fons explora y comenta diversas facetas de la estupidez humana, haciendo una radiografía de nuestra especie y sus deslices cognitivos; su honestidad brutal quizá aturda, o quizá delate la preocupación de Fons por el estado actual de la humanidad, que surge de un profundo amor (me atrevería añadir “apache”)por la misma.
Por Hiram Elizondo

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